Wu Wei, o la “no-acción”

El agua más gentil rompe la piedra más dura
esculpe el bloque sin esfuerzo;
eso que es falto de sustancia
logra entrar donde no hay espacio.

Hay fuerza en la no-acción
enseñando sin palabras
el poder de Wu Wei más allá
del entendimiento de las mayorías

Cuando se habla de agilismo, se habla del Manifiesto Ágil (referirse al primer post) y de los 12 principios que se desprenden, todo esto como marco de referencia para desarrollar una agilidad de calidad, sana y productiva.

La gran mayoría de estos principios son fuente del sentido común – el menos común de todos los sentidos – pero uno que puede traer particularmente un poco de disonancia es aquel principio que dice:

La sencillez o el arte de maximizar la cantidad de trabajo no realizado es esencial

Interesante. Muchas veces a la gran lista de mitos sobre la agilidad muchos le agregan ya no solo mitos sino prejuicios, como aquel de que los equipos y las personas ágiles son unos “hippies relajados” que no hacen mucho.

En realidad el espíritu de este principio se refiere al objetivo y la naturaleza incremental de la agilidad basado en el valor que aporta alguna característica en un momento dado: “en un momento dado”. Muy probablemente la mayoría de funcionalidades identificadas en un Discovery serán útiles aún cuando una estadística dramática muestra que el 45% de funcionalidades de un proyecto desarrollado de manera tradicional nunca son usados, levantando una alerta crítica con relación al desperdicio.

Por otro lado, uno de los principios fundamentales del tao es el Wu-Wei. Wu Wei (en chino literalmente “no-hacer”) es un concepto importante y esta relacionado no tanto al no hacer (la inacción) sino más bien a la capacidad de seguir el curso de las acciones naturales, o dicho de otra forma, realizar acciones que no involucran lucha o esfuerzo excesivo. El Wu wei es el cultivo de un estado mental en el cual nuestras acciones no son forzadas sino mas bien alineadas con el flujo propio de la vida, un orden denominado Li (lo trataremos en otra entrega) que no tiene que ver realmente con algo matemático, geométrico, sino un orden menos “burdo”, “drástico” o “grosero”, un orden natural que se puede identificar en las vetas de la madera, las venas de una hoja, los aros de un bambú.

La filosofía taoísta reconoce que el universo ya funciona armoniosamente de acuerdo con sus propios principios; cuando el ser humano enfrenta su voluntad contra el mundo, altera la armonía que ya existe. Esto no significa que las personas deban renunciar a su voluntad. Más bien, se trata del cómo actúa en relación a los procesos naturales críticos existentes.

El Wu wei también ha sido traducido como “quietud creativa” o el arte del “dejando ser”. Esto no supone un desdén de la razón, más bien es una manera de entender que el Tao está dentro de todas las cosas y seguir ese “camino”. Una manera de imaginarse el Wu wei es a través de los escritos de Lao-Tsé donde indica cómo gobernar un reino. En ellos, compara las actividades de gobernar y freír un pescado —mucho calor y la comida se arruina—, es decir, promover el orden pero no oprimir. Para lograr esto, hay que comprender las necesidades del pueblo y no ir en contra de ellas.

Regresando al agilismo: por naturaleza, los profesionales que hemos sido entrenados en ramas de la ingeniería ( y también por naturaleza fisiológica del cerebro), buscamos patrones, necesitamos órdenes, sistemas para aferrarnos, nos urge la definición puntual para sentirnos en control. Nos cuesta abandonarnos y confiar, cuando eso en realidad y especialmente en grupo, es el camino más sabio, dadas las diferencias inherentes en los estados de madurez e intereses propios de cada persona – stakeholders – dentro de un grupo.

Cuántas veces se logra imponer el criterio del más sabio del grupo… para luego ver como la realidad empuja al grupo entero de regreso, como un resorte, a su realidad grupal. Este desperdicio no es tan inteligente en realidad. Es mejor ir incrementalmente caminando hacia ese punto, pero conscientes de las capacidades del grupo. Es por esto que aún cuando se puedan hacer un montón de cosas o se tenga ese objetivo claro, habría que plantearse qué tiene sentido ir haciendo y qué no hacer de cara a lo dicho anteriormente.

Y muy probablemente, alineado también con el objetivo de entregar rápidamente y entregar cosas que agregan valor real, el maximizar el arte de lo NO-REALIZADO… parece no solo sabio, sino práctico e incremental. Entonces, dentro de lo que efectivamente se necesita hacer, aun dentro de ese grupo de funcionalidades, vale la pena preguntarse en qué momento deberían ser desarrollados y hasta que punto de sofisticación. La mejor respuesta probablemente sea desarrollar complicándose incrementalmente on demand.

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